¿Confusión identitaria y crisis espiritual?
Por pastor y comunicador Miguel Feliz Gómez.
"Porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica.
Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía."
Santiago 3:15, 17
En los últimos años ha surgido una tendencia conocida como therians, personas que afirman identificarse psicológica o espiritualmente con animales, o sentir una conexión profunda que trasciende lo simbólico.
Más allá del fenómeno social, es necesario analizar lo que esto refleja: una crisis de identidad. Vivimos en una generación donde la identidad ya no parece anclada en fundamentos sólidos, sino en percepciones cambiantes y construcciones subjetivas.
Desde una perspectiva cristiana, el ser humano no es producto del azar ni una especie en búsqueda de autodefinición sin límites. Fue creado a imagen y semejanza de Dios (Génesis 1:27), con dignidad, propósito y diseño específico. Cuando esa verdad se diluye, la confusión ocupa su lugar.
La Escritura muestra que el alejamiento de Dios produce distorsión. En Génesis 3, la serpiente introduce la duda sobre la identidad y la palabra divina. En Daniel 4, el rey Nabucodonosor, en su soberbia, terminó comportándose como una bestia; no porque esa fuera su naturaleza, sino como consecuencia de su orgullo y separación de Dios.
El problema central no es una moda en sí misma, sino lo que revela: una humanidad desconectada de su Creador. Cuando la identidad deja de fundamentarse en Dios, se vuelve vulnerable a influencias culturales, ideológicas y emocionales.
Esto no debe abordarse con burla ni odio. Las personas que atraviesan confusiones identitarias necesitan orientación, acompañamiento y verdad, no desprecio. La respuesta cristiana no es la violencia verbal, sino la proclamación clara de que nuestra identidad no se construye desde el sentimiento cambiante, sino desde el diseño eterno de Dios.
La pregunta que debemos hacernos no es cuánto puede degradarse la sociedad, sino cuánto estamos haciendo para restaurar el fundamento correcto.
El llamado no es al miedo, sino al despertar espiritual.
No es a la condena, sino a la verdad con amor.
¿Seguiremos redefiniendo lo que somos según tendencias pasajeras, o volveremos al Creador que nos dio identidad, propósito y esperanza?
Dios les bendiga.



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